IMPERIO NUEVO, DINASTÍAS XVIII – XX, c. 1650 a. C. - 1080 a. C.
Ahmose
I o Amosis I, fundador de la dinastía XVIII.
Museo del Brooklyn, en el barrio y distrito del mismo nombre, Nueva York.
En el año c.1575 a. C., en medio de revueltas e
invasiones, sube al trono Amosis I, quien, siguiendo la línea familiar de “faraones guerreros”, expulsa a los hicsos, retoma territorios y líneas comerciales, restaura fronteras y, consolidado el poder, apoya el uso de nuevas técnicas de producción, como la fabricación
del vidrio de color, que reabre un nuevo ciclo de prosperidad y esplendor conocido como Imperio Nuevo.
A su
muerte le suceden Amenofis I, Tutmosis I que vuelven a construir templos y
pirámides, pero con novedades pues, los faraones deciden enterrarse en el Valle de los Reyes en tumbas
labradas y decoradas y en las que los
arquitectos introducen un nuevo elemento de construcción en su interior, el ladrillo.
El culto a Osiris
se expande, Egipto alcanza su máximo esplendor histórico y se convierte en un gran imperio conquistando territorios en Oriente Próximo y Nubia.
Un Imperio Nuevo en el que destacan faraones
tan famosos como...
Hatshepsut, hija del Tutmosis I y de su esposa real,
perteneció a la dinastía XVIII. Se casó con su hermanastro Tutmosis II para
asegurar su legitimidad al trono. A la muerte de su esposo asumió la regencia
de su hijo Tutmosis III y, pasados unos años,
aceptada por la corte y el clero, se proclama
faraón. Mandó construir el espectacular y famoso templo funerario de Djeser-Djeseru.
Egipto, Karnak, templo de Hatshepsut,
Djeser-Djeseru, Deir el-Bahari, segundo piso, relieve - jeroglífico.
El personaje de esta imagen no representa a la reina, sí a su esposo (su hermanastro
Tutmosis II), quien, arrodillado hace una ofrenda con dos pequeñas
vasijas conteniendo leche, vino y agua, a Amón Ra.
Frente a él, la mano de rey de los dioses extiende su mano y se la acerca a la nariz para que inhale
el “aliento de la vida eterna” y, con este acto, confirmar su derecho divino al
gobierno. de Egipto.
Tutmosis
III, de la dinastía XVIII, es considerado el “Napoleón
egipcio”, por su genio militar.
Akenatón o Amenofis IV, faraón de la dinastía XVIII, su fama la consiguió
por su revolución política,
cultural y religiosa.
Siendo el eje de esta, la abolición del politeísmo y
proclamar el monoteísmo y henoteísmo.
Tutankamón,
el más famoso por el hallazgo de su intacta tumba en
el Valle de los Reyes y su valioso tesoro, incluida su icónica máscara
funeraria de oro.
Ramsés II destacó
por sus famosas construcciones en Abu Simbel,
dos templos tan espectaculares como las gigantescas
estatuas de él mismo y de Nefertari,
su esposa.
Este Imperio Nuevo conocido por la “Edad de Oro” egipcia, termina con la llegada al
trono de soberanos libios, sobre el año 1000
a. C., y tiene como última dinastía la XX y como último
faraón en Egipto a Ramsés II.
CURIOSIDADES...
*Amosis I o Ahmose, tras la muerte de su padre, de su tío y de su
hermano mayor, en la lucha contra los hicsos, sube al trono siendo un niño. Con
tan solo diez años comenzó a ejercer su gobierno bajo la brillante influencia de su abuela, la reina Ahhotep, que intentando
recuperarse de la tragedia familiar, modelaba la mentalidad del pequeño rey
con conceptos de unificación
de poder y lucha contra
los hicsos. En esa modelación, su madre, asumiendo su matriarcado y su
regencia, se encargó de proteger los derechos de su hijo al trono con mano de
hierro. El sofoco de conatos civiles y la cohesión del ejército validaron su
título de “reina guerrera”.
Amisis I, llegada su mayoría de edad,
haciendo uso de las enseñanzas de su abuela y de su madre, puso fin al poder de los hicsos en el Bajo Egipto, reunificó “las dos tierras”, impuso el poder tebano, fundó
la dinastía XVIII, el Imperio
Nuevo y transmitió a su hijo Amenofis I un Egipto fuerte y poderoso. Con
tan solo diez años comenzó a ejercer su gobierno bajo la brillante influencia de su abuela, la reina Ahhotep, que intentando
recuperarse de la tragedia familiar, modelaba la mentalidad del pequeño rey
con conceptos de unificación
de poder y lucha contra
los hicsos. En esa modelación, su madre, asumiendo su matriarcado y su
regencia, se encargó de proteger los derechos de su hijo al trono con mano de
hierro. El sofoco de conatos civiles y la cohesión del ejército validaron su
título de “reina guerrera”.
Amisis I, llegada su mayoría de edad,
haciendo uso de las enseñanzas de su abuela y de su madre,
puso fin al poder de los hicsos en el Bajo Egipto, reunificó “las dos tierras”, impuso
el poder tebano, fundó la dinastía XVIII, el Imperio Nuevo y transmitió a su hijo Amenofis I
un Egipto
fuerte y poderoso.
Texto extraído del libro El Nilo en mis manos
Autor José González Mayoral - Goma -
Obra Inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual
Diseño, maqueta e impresión: José González Mayoral - Goma -
Imágenes: ARCHIVOS
GOMA