Continuación DEL ALAMILLO DE SEVILLA A LUXOR
En
la cena de bienvenida, para la que no existe una etiqueta de refinada
elegancia, los platos internacionales y tradicionales de Egipto se dan la
mano en aquel comedor de lujo sofisticado y calidez acogedora.
Viator, analfabeto total en la gastronomía de Luxor, decidido a disfrutar
de la noche combinando cena, música y espectáculo, va degustando
la verdura a la parrilla con el cordero y llegados los postres se decide por el
pastel de "baklava", una masa enriquecida con nuez y pistacho que,
bañada en almíbar de miel, lo hacen irresistible.
En ese saborear, en el escenario el show de la danza del vientre llama su atención y se apresura a acercarse lo más cerca posible para vivir más intensamente aquella hipnótica danza egipcia, que dará por terminado espectáculo y cena.
Viator queriendo retomar el exquisito sabor de los postres vistos en las mesas, pero no catados por fijar todo su interés en el espectáculo, al regresar a su asiento, pone toda su interés en las bandejas casi vacías de los postres y en ese barrer con la vista, encuentra unas pequeñas cazuelas ya casi vacías en su totalidad y que no al no haberlas probados, pregunta a una camarera, que ya retira los servicios de las mesas, por su contenido de aquellas cazuelitas y si puede tomar una. La camarera, con una vocalización especial de... ¡Muy bueno!, le habla de hojaldre y de almendra, pero repitiendo el tono desmoralizador ya usado, le indica... ¡Frío!
Cuando Viator, mirando las cazuelas vacías y perdidas las esperanzas de catar aquellos postres ya fríos, recoge sus pertenencias para abandonar el comedor con algo de añoranza por aquel postre que no pudo probar... la camarera se le acerca y con un gesto de ofrecimiento le muestra su bandeja con una humeante cazuela que deja a Viator más que sorprendido, hipnotizado como le sucedió contemplando la danza del vientre. Después, con un gratificante tono de voz, la camarera le dice... ¡Om ali! Viator fijando su mirada en aquella masa de tonalidades marrón tostado que contenía la pequeña ollita de barro que la camarera le ofrece, descubre que es una de las que estaban en la mesa, pero caliente. En ese momento, su añoranza se torna alegría y, sonriente, mirando a la joven que tiene delante, descubre sorprendido, el verde de sus ojos almendrados, la carnosidad de sus labios y la calidez marrón de su rostro pincelado al verde oliva... En ese embeleso de descubrimientos, nadando entre la tez nubia propia del centro del Valle del Nilo y la cananea típica de los semitas del Mediterráneo, la mímica de aquellas manos llamando su atención y las entrañables expresiones de voz de aquella camarera, ofreciéndole aquella exquisitez para que la degustara en su camarote, acaparan todos sus sentidos. Viator recoge tan gratificante ofrenda y se despide de aquella inolvidable camarera con afables gestos y palabras queriendo agradecerle tan significativo detalle.
Ya en su camarote, tras degustar aquella tentadora cazuela de exquisito contenido, se prepara para subir a la terraza del barco donde contemplar el cielo nocturno del Nilo. Con esta intención, sube hasta la última planta del crucero y, aunque la noche ya ha devorado el crepúsculo, como la luces de led están devorando las viejas iluminaciones de las ruinosas ciudades de la otra orilla... A Viator, en ese momento, en aquella elevada plataforma, Luxor, bajo aquel panel de estrellas que dan vida a su cielo nocturno, le parece transformado y las modernas y lujosas edificaciones que contempla, las ve tan monumentales y ciclópeas como el Antiguo Egipto, colosal y caprichoso.
En esta contemplación, mirando hacia la otra orilla, los destellos de las escasas y humildes luces de
fondo, a Viator se le antojan románticos y hasta místicos. Y,
volviendo su mirada hacia las estrellas, quiere encontrar en aquel panel
astronómico, las doce estrellas que relacionaban las doce horas de la noche con “los doce guardianes del cielo” que acompañaban al muerto en su viaje nocturno
hacia el más allá.
Después, dirigiéndose a la zona de proa, barriendo con la vista cuanto tiene delante, observa que la circulación por la "autopista del Nilo", a pesar de la hora, sigue siendo muy densa. Y, en esta observación, se dice...
- Casi todos los ríos fluyen de norte a sur. Curiosamente las aguas del Nilo corren de sur a norte y es que los líquidos, por la acción de la gravedad, buscan el punto más bajo. Lo mismo pasa en el Orinoco, el Sena, el Rin y otros muchos
En estas deliberaciones, Viator se dirige a
la zona de baño, ya casi “desierta” y en un "set" de mobiliario de terraza, junto a la piscina,
elige un sillón y se acomoda.
- ¡Actores valientes!, Sí, sí. Torero, ¡actor valiente de Triana!
Unos segundos de silencio y después describe al toro como...
- Toro, vaca salvaje. Animal grande con cuernos y de, ¡mucho peligro!
Viator le pregunta si le gustó Sevilla y tras un contundente sí, el camarero se marcha. Viéndole alejarse, Viator observa que el ruido humano de la terraza y del bar, prácticamente se ha extinguido, el silencio se está haciendo su hueco y la brisa seca del río comienza a refrescar sobre sus hombros.
En estas reflexiones llega el camarero con dos
cervezas y unos dátiles que coloca sobre la mesa y con algo de
ansiedad en su rostro mirando a Viator, expone...
- Yo visité barrio famoso de Triana dos veces para ver toreros. ¡Nunca vi torero!
Viator que ya sabía, por otras ocasiones, de
los extranjeros que llegaban a la Plaza
del Altozano, a la Calle San Jacinto o a la Calle Betis, preguntando dónde vivían los toreros, le contesta...
- Triana es un emblemático barrio de artistas, guitarristas, “cantaóres”, pintores, poetas, toreros... pero eso que dicen, "que para ver los
toreros hay que pasear por Triana", es un
bulo... Pues, ¡los
toreros solo se ven en la plaza de toros y a la hora de la corrida!
* Monumento al torero trianero JUAN BELMONTE
-Y, ¿qué es una corrida?
- La corrida es un espectáculo como el que viste en Sevilla, donde, como bien dices, los actores son los toreros haciendo frente a la bravura del toro...
- Yo vi Sevilla por vez primera en año ochenta y ocho. Yo dormía junto a Barrio de Santa Cruz. Yo migrante. ¡Yo héroe!, yo crucé el Estrecho de Gibraltar. Yo me salvé de morir ahogado. Yo héroe en mi pueblo, nací en Saidia, Morocco.
* Monumento al ARTE FLAMENCO.
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- Conozco Saida, en el Mediterráneo, casi en la frontera argelina. Pisé sus playas hace muchos años, a finales de los años ochenta y ya tenía renombre internacional. Supongo que hoy será un gran ciudad.
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Viator, que sabe de los muchos jóvenes que, “En busca del paraíso”, no consiguieron alcanzar la otra orilla, con un suave aplauso al camarero como reconocimiento a su heroicidad y con su pesar interior por tantas vidas perdidas en el Mediterráneo, queriendo salir de aquella realidad, poniendo la vista en el río, observando las embarcaciones que hormiguean por él, mirando al camarero y señalando las que ve, le dice...
- Veo los
cruceros, pero no los sé diferenciar...
- No te
entiendo.
- Las
embarcaciones, los cruceros... veo que no son iguales...
El camarero se levanta, indica a Viator que le siga y, junto a la proa le
explica...
- Si tú te
fijas, los cruceros son distintos por fuera y también por dentro...
El camarero, llevando su mirada a la orilla,
aislándose, ensimismado en ella, como buscando algo... cuando parece
encontrarlo, con cierta alegría, llamando la atención de Viator, le dice...
- Fíjate en aquella embarcación, está claro que es un yate.
Es de los más lujosos, solo lleva “suites” y muy pocas. ¡Todo muy exclusivo!
- ¡Para privilegiados!
- ¡Sí, sí!
tú dices bien. Para personas de clase alta. ¡Ah, mira!, a la izquierda, la de
las velas...
- Sí, la
veo, con dos velas.
- Lleva una vela en la proa y otra en la popa. Se llama Dahabiya. Es una embarcación también de lujo, pero tiene unas ocho o diez “suites” y unos veinte camarotes. ¡No más! Y, ¡no tan exclusiva!
- ¿Y aquella?
-
Una falúa. Se utilizan para ir de un sitio a otro, pero no para dormir, no tienen camarotes, solo llevan personas y mercancías de una orilla a otra.
El silencio de la noche, haciéndose cada vez
más profundo, tiende a solemnizar todo y solo es turbado por el suave
murmullo de protesta del agua surcada por otra embarcación. En estas observaciones
de motonaves, el camarero le avisa con cierta premura...
- Ya
cierro, como se dice en España, "mañana, ¡otro día"!
En
esta advertencia de cerrar, el camarero se gira para marcharse y Viator llama
su atención con...
- Por lo
que veo, lo popular son los cruceros.
El camarero se vuelve y escenificando prisa, le contesta...
- ¡Sí, sí!
Los cruceros. Son motonaves como esta, con un determinado número
de plantas y cabinas con balcón u ojo de buey. Todos bien equipados, dependiendo de
lo que pagues, pero tú ya sabes, el crucero siempre es mucho más
económico.
Viator mirando a la proa descubre las
pequeñas embarcaciones faenando y queriendo visualizar el Antiguo Egipto que ha
venido a pisar y mirando las dos orillas quiere ver las “tierras de vida”, fértiles y negras
en las que faenaban los
egipcios y sembraban el papiro.
Después, escrutando más allá del horizonte,
imagina las “tierras de muerte”, de tonos
ocres y caprichosa geometría modeladas por el viento con sus tormentas de arena. Espacios áridos,
tórridos, solitarios y de misteriosos espejismos...
En estos pensamientos, el leve ruido de una motonave surcando hacia el sur,
saca a Viator de su embelesamiento y recordando, más que las lecciones de su
profesor de historia, sus curiosidades, se dice... ¡* Embarcación con rumbo norte! Tras la pausa para ver la barca, recuerda...
- Mi profesor, leyendo jeroglíficos, decía que la barca con vela significa que viaja hacia el sur, contra la corriente, pero si no lleva vela se entiende que navega hacia el norte llevado por la fuerza del agua.
Después mira hacia la barra del bar, ve al
camarero y dirigiéndose a él, le pide la cuenta. Con un tique en la mano,
con cargo a la habitación, Viator se despide del camarero quien le
devuelve un sonriente saludo acompañado de un ...
- Sevilla
especial. Y, ¡Buen crucero amigo!
Palabras a las que Viator, sonriente responde...
- Gracias.
Buenas noches.
Camino de su camarote, mirando el tique, lee...
- Una
tónica, ocho euros.
Después se dice...
- Algo
cara, pero la experiencia ha sido de gran valor. "Mereció la pena".
Paisaje, ambiente, historia, magia...
En estas
reflexiones, ya en su habitación, se ratifica a sí mismo ...
- ¡Una
gozada! A
veces bastan solo unos momentos para acariciar tan buena vida.
Y,
recordando las palabras... "La vida no es lo que se vivió, sino la que
uno recuerda y cómo la recuerdas", de García Márquez, a sí mismo, se
exige...
- Y, ahora, ¡a dormir!, que mañana a las cuatro, el guía ya estará en el autobús esperándonos.
Egipto, vida rural.
El Nilo, tierra negra de vida.
Texto extraído del libro El Nilo en mis manos
Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual
Imágenes: ARCHIVOS GOMA






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