CRÓNICAS CERVANTINAS Y DE LOPE DE VEGA EN EL ALAMILLO.
El taxi no llega y Viator, pensando en el
topónimo del lugar y reflexionando sobre la vida en
el Alamillo de los siglos XVI y XVII, imagina
mendigos, matones y pícaros del lugar que, entre chozas
y al refugio de una exuberante floresta natural de gran belleza, van y vienen
cada cual con su historia, como la
conversión de Cristóbal de Lugo, todo un
granuja que al amparo de su cargo como criado del inquisidor Sandoval, actúa con maldad y sin escrúpulo en el
escalón más bajo de la pirámide social sevillana. Un rufián que tras un silencio temporal, aparece regenerado como Fray
Cristóbal y, cuando con su amo marcha a México,
Lugo, ahora convertido en Fray Cristóbal, es tenido por un hombre
santo. Y, en esa envoltura de santidad conoce a Ana
de Treviño, una celebridad sevillana que, en sus últimos momentos de
vida, se niega a confesarse. En esa agonía,
el fraile es requerido y acompañado de su criado “el
lagartija”, también regenerado como Fray Antonio, convierten a la pecadora Ana de Treviño, a quien confiesa y salva de las llamas del
infierno.
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“El rufián dichoso”. Miguel de Cervantes Saavedra.
Un reflejo de la vida
de la época a través de... señoras, señores, criados, rufianes, estudiantes, clérigos,
frailes, ángeles y demonios, incluidos un inquisidor, una dama, un virrey y
hasta unas almas del purgatorio. Unos personajes que Cervantes pincela en su famosa comedia “El rufián
dichoso”.
Al final de sus años, al rufián Cristóbal
de Lugo, como encarnación del pecado y del castigo, le alcanza la lepra y, cuando muere, es vitoreado
y subido al altar por los cristianos.
Intentando asimilar aquellas conversiones de
inquisición y santidad
por la fe, bajo el drama y la comedia de la novela cervantina, “El rufián
dichoso”, suena un claxon a la espalda de Vuiator. Cuando este se gira, el
taxista se le acerca, le saluda y coloca su maleta en el maletero, mientras él
se acomoda en el asiento. Envuelto en esa magia nocturna y bloqueado
por ese embrujo sevillano que, coqueteando con esos juegos prohibidos, se
esconde y te sorprende entre adelfas, espiando como la luna coquetea y se
refresca en el río, Viator, a su paso por el puente del Alamillo, intenta
escenificar aquellos versos de rufianes, timadores, holgazanes y vividores de Lope de Vega, sobre “los Vargas de Castilla”.

Pinceladas de
amores y desprecios, agravios y satisfacciones, belleza y afeamiento, vida y
muerte...
Lecciones de un genio de la literatura,
cosechadas en el escenario de la vida desde su caballete poético de la nobleza,
con pinceles de arte creativos y al óleo de colores satíricos, zumbones, picantes
y ridiculizantes sobre lienzos del pueblo y de la corte.
Portada manuscrita de la famosa
comedia los Vargas de Castilla.de Lope de Vega.
Texto extraído
del libro El Nilo en mis manos
Autor José González Mayoral, Goma
Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual
Imágenes ARCHIVOS Goma