Pasada
la esclusa, el crucero se dirige al muelle de Esna donde,
debido al poco espacio, amarra en paralelo junto a otros.
Durante el tiempo de atraque
en el muelle, el guía comenta al grupo...
“Esna, nacida de un asentamiento estratégico para el comercio, en la orilla oeste del Nilo, a unos 60 km al sur de Luxor, hoy es una gran ciudad con una población que ronda los 100.000 habitantes y con una historia milenaria que comienza su desarrollo en el Imperio Medio y Nuevo, alcanzando su esplendor durante los periodos Ptolemaicos y Romano y que, con el “boom turístico” del siglo XXI, se encuentra en el momento álgido de la cresta en la “ola de los cruceros”.
El guía, ordena sus papeles, les echa un
vistazo y continúa...
“Nuestro recorrido comienza con el desembarco que haremos cruzando los vestíbulos o las recepciones
de los barcos junto a los que hemos amarrado.
Después, cuando pisemos “tierra firme”, nos encontraremos en el zoco y callejeando entre puestos cargados de todo tipo de mercancías, llegaremos al restaurante donde podremos degustar la cocina tradicional local elaborada con productos e ingredientes de la zona. Recordemos que estamos en el sur, en el Alto Egipto. Aquí, el reloj parece tener un recorrido más reposado, pues en la cocina”, las ollas de barro y el fuego lento reclaman su tiempo.”
En la cocina de Esna, el barro y el tiempo van de la mano. Basbousa.
“En el restaurante
que tenemos reservado, podemos elegir entre una variedad de platos que pueden ir, por ejemplo, de una sopa verde de hojas de
yute, hasta un estofado espeso de okra. Y, todo acompañado con el pan redondo de la
zona, conocido como pan shumsi que es el que
se consume el Alto Egipto”.
Después, ya en el restaurante y en la mesa de turno, Viator se decide por una sopa de caldo tradicional enriquecida con especias de la zona y cebolla caramelizada muy consumida en la zona.
Llegado
el momento de los postre, aconsejado por el camarero que le habla de masas crujientes salpicadas de frutos
secos, se pide basbousa, un pastel de
sémola de trigo bañado con un almíbar tradicional aromatizado
con agua de rosas o de azahar, llamado Sharbat o Qatr que recién hecho, en caliente, le proporciona
una textura más ligera que el
tradicional jarabe espeso usado en las
cocinas del resto de las gobernaciones del país.
Cuando los cruceristas salen del comedor, pasos más abajo, el guía les señala el templo de Jnum.
Imágenes: ARCHIVOS GOMA
Diseño, maqueta e impresión: José González Mayoral - Goma -




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